Un camino de búsqueda, aprendizaje y transformación que hoy da sentido a mi forma de acompañar.
Hay personas que encuentran su vocación muy pronto. La mía fue revelándose poco a poco, a través de trayectorias que, en su momento, parecían no tener relación entre sí y que hoy comprendo que siempre estuvieron unidas por un mismo hilo: el deseo de acompañar a las personas y crear espacios donde puedan vivir experiencias significativas que contribuyan a su bienestar.
Mi primera formación fue en Gestión Hotelera. Fue durante esos años cuando descubrí que la verdadera hospitalidad consiste en hacer que una persona se sienta bienvenida desde el primer instante. Aprendí que los pequeños detalles, la atención y la sensibilidad pueden transformar una experiencia y convertir un lugar en un espacio donde alguien se sienta visto, acogido y cuidado.
Esa etapa despertó en mí el amor por la gastronomía, entendida como expresión cultural, espacio de encuentro y experiencia estética. El arte, los viajes y la búsqueda de nuevas formas de vivir, mirar y comprender el mundo siguen siendo fuentes constantes de inspiración en mi vida.
Con el tiempo, la vida me llevó a vivir experiencias que me invitaron a detenerme y a hacerme preguntas que hasta entonces no me había planteado: quién era, qué quería hacer con mi vida, cuál sería mi contribución…
Ese proceso me permitió descubrir con mayor claridad cuál era mi propósito. Con esa convicción decidí volver a estudiar y me formé en Trabajo Social y en Terapia Familiar. Fue también entonces cuando descubrí en el bienestar el marco teórico y el enfoque desde el que fui desarrollando una metodología propia de acompañamiento, orientada a crear espacios donde las personas pudieran detenerse, escucharse y cultivar su bienestar emocional, cada una a su propio ritmo.
Hoy ese propósito se concreta en una forma de acompañar que se expresa a través de espacios y experiencias diseñados para cultivar el bienestar emocional y vivir con mayor consciencia y humanidad.